La noche de Lunes Santo

Este Lunes Santo será diferente para todos está claro, pero para ellos tres, creo que más aun, dado que llevan haciendo lo mismo desde hace unos cuarenta años. Hablo de mi padre y de mis tíos, porque fueron ellos los que nos apuntaron y porque, aunque parezca difícil, solo pertenecen a esa hermandad y nunca han salido en otra.

Acabo de ver la de “San Lázaro” en el Riego, aunque antes de eso ya hemos estado en San Juan colocando el paso de “Camino del Calvario” y La Soledad, pero ellos hasta el Viernes tienen descanso y solo les queda ser vistos, rezados y fotografiados por miles de personas que se acercan por la Iglesia todos estos días. Bueno, y ahora os contaré como no voy a poder pasar este año el Lunes Santo.

Ya os he dicho que acabo de ver la procesión de los excombatientes abajo del Riego. Esta es la primera procesión de capirotes y bandas que van detrás de los pasos y, qué maravilla de pasos, sobretodo el de La Despedida. Cuando pasa el ultimo hermano (desde pequeño me inculcaron que hasta que no pasa el ultimo no me puedo ir) me despido de Sara y me marcho para casa.

Mi santa madre ya tiene todo colocado todo lo imprescindible en cada habitación: la túnica, el fajín, la cogulla y las sandalias. Pero a pesar de ello, todos los años mi padre siempre dice que el fajín no es el suyo, aunque ponga su nombre en el mismo. Él es el primero que se va, le gusta estar a la hora señalada por  la organización y mi hermano y yo le solemos seguir, y aunque a mi hermano le cueste más, llegamos puntuales.

Dentro, ya en la Iglesia, nos encontramos todos cerca de la puerta de la capilla de Nuestra Madre: Papa, tío Andrés, tío Olimpio,  mi hermano Andrés y mis primos Oscar, David, Juanpe, Jose y Javi. Estos dos últimos, solo pertenecen a esta cofradía y para mi, es digno de alabar con los tiempos que corren, dado que la media en Zamora es ser de tres cofradías.

Nuestros padres nos apuntaron en esta Cofradía, nada más nacer, y por ello,  llevamos mucho tiempo siendo hermanos, pero todos los años pensamos… “Nuestra tea no arde lo suficiente, se nos va a apagar…”

Nos colocamos en fila y todos por la derecha, como hacen ellos desde sus inicios. En nuestra familia ir por el lado derecho ya es una tradición que cumplimos sin rechistar, ya que si a ellos les gusta a nosotros también.

Ya en la calle, hay que tener mucho cuidado con no resbalarse cuando iniciamos el descenso por Balborraz. Otra de las tradiciones que se cumple año tras año,  es que las mujeres de mi familia siempre ven la procesión en esta calle, sin perjuicio de que luego vuelven a ver el desfile procesional en otros lugares del recorrido.

Los más  pequeños de la familia saben que están apuntados, y que algún día podrán unirse a la fila derecha. El hombre es un ser de costumbres, y además de ir por el lado derecho, siempre nos solemos ubicar en la misma zona durante el recorrido. Siempre nos situamos entre el pendón y la primera cruz de penitencia.

Llegamos a Santa Lucia. En esta plaza tiene lugar el cántico del “JERUSALEM, JERUSALEM”. La plaza está abarrotada de público y empieza la parte del recorrido que, a mi más me gusta: Chimeneas, Doncellas, Moreno,  Damas, y Arco de Doña Urraca para luego regresar al templo con la tea aún encendida.

Una vez dentro de la iglesia, vemos entrar a nuestro Cristo, como si viniera andado, al son del Vexilla Regis. Finalizado el desfile, toca el momento de encontrarme con mis amigos que también procesionan, y nos fundimos en un caluroso abrazo deseándonos salud para el año que viene.

Si el tiempo acompaña, nos tomamos algo rápido en el Ocellum, mirando al ayuntamiento. En este momento nos damos cuenta que cuando, mañana, Martes Santo,  salga el Vía Crucis, ya habrán salido todas las procesiones de la balconada de arriba y sin darnos cuenta, pronto pasarán las de abajo.

Alberto Esteban Sánchez

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