Martes Santo

Después de un comienzo intenso de la semana el Lunes Santo pone su punto y final a las dos de la madrugada, puntual como cada año el Cristo de la Buena Muerte hacia su entrada en la iglesia de San Vicente, se cierran las puertas y el coro nos regala esas últimas estrofas con sus magníficas voces mientras el Cristo avanza lentamente hacia el altar, a modo de despido, de agradecimiento por haberle acompañado un año más por las calles de Zamora, se vuelven a abrir las puertas y todo son abrazos y emociones. “Salud para el año que viene” es la expresión que más se escucha entre los hermanos y de nuevo se produce el silencio, y allí se queda él, aguardando para volver a lucir el próximo año.

Pero hoy ya es Martes Santo, día de devolver al Nazareno de San Frontis a su casa, pero hoy no irá solo, hoy irá acompañado de su madre, de una virgen con gran devoción en esta nuestra pequeña ciudad, la virgen de la Esperanza, esa que debe alentarnos en estos días difíciles.

Hemos quedado en la Magdalena a las 19:15, pero como siempre se hacen las 19:20 y aún no hemos llegado, la tradición de llegar tarde tampoco debe perderse. Estamos dentro de la catedral, nos colocamos, y hacemos recuento y parece que estamos todos Manu, Adri, Ángela y todos los demás, muchas caras conocidas alrededor, saludos, abrazos, nervios, la inocencia de los niños que salen por primera vez, recuerdos al pasado de cuando eras como ellos, sonríes por dentro, empezamos a formar las filas, de repente el bullicio se hace silencio, se escucha la banda, por dentro les deseo lo mejor, compañeros durante muchos años aunque fuese en otro desfile los ensayos se compartían juntos, suenan bien, muy bien, comienza el desfile, y estamos en buen lugar, cerca del Nazareno, alentando a los cargadores en los fondos cuando pasamos por su vera, conocemos a unos cuantos, sobre todo a dos especiales, nos han aguantado y enseñado mucho desde pequeños, los hermanos Barba.

Todo transcurre con normalidad, el fondo del puente de piedra anuncia que ya estamos cerca del momento más emotivo del desfile, la reverencia entre el Nazareno y la virgen de la Esperanza, por último afrontamos la avenida del Nazareno escuchando cada estación del vía crucis y gritando juntos “Jesús, hijo de David, te compasión de mi” y finalmente rozando la medianoche, ponemos punto y final a otro desfile acompañando al “mozo” a la margen izquierda para que puedan seguir dándole culto sus vecinos de San Frontis, y aunque este año nada de esto vaya a suceder, solo me queda pedir, salud para todos y para el año que viene tengamos una Semana Santa muy especial para todos.

Rubén Vicente Coria

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