Última Noche

Y llega la noche y con ella Nuestra Madre, la de todos los zamoranos, que vela por nosotros en estos tiempos tan oscuros. La borrasca de ayer ha amainado y nos deja un cielo de estrellas totalmente despejado aunque siguen cayendo pequeñas lloviznas.

San Vicente vuelve a ser protagonista en otra noche tan característica. Al igual que el Lunes Santo, la iglesia abre sus puertas y Nuestra Madre sale a recorrer las calles. Con ella va la Virgen de las Espadas y el Santísimo Cristo de la Misericordia, así como miles de cofrades y mujeres que la acompañan en su lento caminar.

Su recorrido es bastante ilustre, ya que realiza una travesía muy fotogénica. Ella, con esas lágrimas de cristal que emocionan hasta a los ateos, pasa por el rosetón de la Magdalena o por la trasera del Museo.

Su objetivo es la Plaza Mayor, que es donde entonan la Salve. Lo hace todo el pueblo como símbolo de cariño y respeto, esas palabras tan utilizadas en esta época. A todas las Vírgenes se le canta con la misma devoción y sentimiento. Una vez realizado el acto, vuelven a recogerse. Volverían.

En estos días que nos han ocupado he llegado a odiar el tiempo verbal condicional. Todos los días diciendo podría, habría o debería agota mental, física y psíquicamente. La memoria es un arma muy potente a la que hay que sacarle provecho, pero estos 8 días que llevamos, está funcionando más que nunca.

Quiero que se acabe ya todo esto. El sentimiento permanecerá, pero el dolor se irá porque serán días normales en los que, aunque la situación continúe, no estaremos pensando en la procesión que debería estar saliendo y no lo hace.

Por primera vez en toda mi vida, no quiero Semana Santa. Espero no tener que volverlo a decir.

Verónica Viñuela

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