SENTIMIENTOS DE RASO BLANCO. EMOCIONES DE RASO NEGRO.

Llegamos a la Semana grande. Esos siete días de no parar, de ir corriendo por toda la ciudad en busca de los mejores sitios, de esperar horas y horas en las aceras para vivir los mejores momentos de cada procesión.         

Esta tarde es especialmente mágica por su ambiente, su estética, sus sonidos. Es Lunes Santo y Zamora se viste de raso negro y capa blanca. Dejamos atrás esas procesiones en las que solamente sacamos un paso y admiramos una enorme belleza en los cinco que alberga esta maravillosa cofradía.

Uno por uno van saliendo de San Lázaro, acompañados de grandes marchas como “La Despedida”, “Tercera Caída” o “La Amargura”, precisamente los nombres de los tres pasos emblemas de la Hermandad. No obstante, no hay que olvidarse de la Cruz de Yugos y la Corona de Espinas de José Luis Alonso Coomonte, así como tampoco de la banda de clarines y tambores, Barandales y objetos característicos que adornan el desfile.

Es impresionante verla subir por la calle El Riego. A pie de calle los caperuces son gigantescos, y con un poco de suerte puedes divisar las imágenes entre medias, en el caso de que se estén quietos. Si lo ves desde un balcón, es aún más impactante. Miles de puntitos negros y blancos inundan la calle y la alumbran con ese hachón que portan. No hace falta la iluminación artificial de las farolas. Todos los cofrades brillan por sí mismos y hacen de ese momento algo único.

No menos importante es ese característico acto realizado en la Plaza Mayor, algo sagrado para un zamorano. Todo en esa plaza cobra vida a las 22:00 horas, cuando el primer cofrade entra en ella. El alboroto se convierte en un leve murmullo y en apenas segundos, impera el silencio. Un silencio sepulcral para disfrutar y recrearse en el ambiente.

Y lo mejor de todo es lo que llega a continuación: el éxtasis de escuchar esas 50 voces masculinas resonando en los soportales de la policía al cantar uno de nuestros himnos: “La Muerte no es el Final”. Ese himno que ahora mismo cobra sentido más que nunca, dados todos los fallecimientos producidos en todo el mundo.

 Esos minutos se convierten en un soplo de aire pasando por nuestros rostros. Cuando nos queremos dar cuenta, todo ha acabado y la procesión continúa avanzando. Ya le falta poco para terminar.

Apuramos un poco más y nos acercamos hasta el Museo, para despedirnos de todos ellos y para oír de nuevo su acompañamiento instrumental, que nos hace sacar fuerzas de donde no las tenemos.

Queremos revivir una y otra vez estas pocas horas que ha estado la procesión en la calle y obtener algún recuerdo más. Intentar coincidir con la primera nota de los clarines, las cuales se sienten en tu interior como si salieran de él, ver los bailes de Jesús y su madre o la Amargura, deleitarnos con “El novio de la muerte”, etc. En definitiva, aprovechar todo lo posible, porque 4 horas que dura se nos hace 1 minuto.

¡Uy, espera! ¿Qué haces ahí parado? ¿Disfrutando del momento? ¡Corre! ¡La Buena Muerte está a punto de empezar!

Verónica Viñuela

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *