TERCIOPELO EN LOS ARMARIOS

Jueves Santo,
jueves hermoso:
de terciopelo morado
y tiempo lluvioso.

Nuestras plegarias han oído
y por eso el cielo llora;
sabe que no podremos
ver lo más bello de Zamora.

Tarde santa y aterciopelada.
Vera Cruz no sale a la calle;
Jesús se queda en su morada.

El Museo sus puertas no abre,
pero la gente sale a sus ventanas.
Ellos tienen la esperanza
de poder escuchar alguna marcha.

Esa ilusión se desvanece
cuando las horas pasan y pasan.
El Museo sigue cerrado
y la ciudad permanece en calma.

Hoy las calles no se tiñen
ni de verde, ni de morado
mucho menos de blanca estameña;
ni de gente fuera esperando.

Hoy es un día triste,
para Zamora y el mundo entero
Cristo ha sido crucificado
y se encuentra en el madero.

Zamora lo representa
con su amplia imaginería.
Cuenta con todo detalle
para explicarnos la Biblia.

Pasajes esculpidos
con sentido y con amor;
uno detrás de otro
van formando la procesión.

La Cruz abre el desfile
con su marcha y sus cofrades;
todavía no concibo
el no tenerla en la calle.

Tras ella el Lavatorio
con la Banda de Zamora,
emprenden su camino
puntuales, a la hora.

Santa Cena es la siguiente,
un paso solemne y pesado.
Tiene que llevarse a ruedas
a Jesús y sus invitados.

En el Huerto de los Olivos
se encuentran Cristo y el ángel;
sabe que le están buscando
para prenderle y matarle.

Judas fue el culpable
de dicho Prendimiento;
por un saco de monedas
se ofreció a darle un beso.

Ya vemos a lo lejos
avanzar a la Flagelación,
con soldados que le azotan
sin ninguna compasión.

Solo queda coronarle
como Rey de los Judíos;
reírse de él y burlarse
con ayuda del gentío.

El pobre Ecce Homo
viene solo y magullado;
él tampoco saldrá a vernos
habiendo sido restaurado.

Y llega la Sentencia
a paso lento y empujado;
Pilatos no quiere implicarse,
y por eso se lava las manos.

Esto llega a su fin
porque viene el Nazareno,
que se aproxima con su cruz
a redimir al mundo entero.

Cierra el cortejo una virgen,
tan triste como hermosa;
todos sabemos que se trata
de la Virgen Dolorosa.

Así debería haber sido
una tarde resplandeciente;
en cambio aquí seguimos,
en casa,
como ausentes.

Pobres pasos,
pobre Zamora,
pobre Vera Cruz
que en silencio llora.

La Catedral nota su ausencia,
el atrio se encuentra vacío;
sus paredes están tristes
con lluvia, viento y frío.

Pero una cosa si que es cierta
y es que aun estando en casa,
tenemos la tele puesta,
haciendo Disciplina y Penitencia.

Foto e Imagen: Verónica Viñuela

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