ALBORES DE PASIÓN

Un año más, el reloj marca las doce. Es Jueves de Pasión en Zamora, pero la ciudad duerme sumida en este sueño que la atrapa desde hace días. En esta noche que siempre fue mágica tan solo queda el silencio y un vacío que parece eterno. La antesala de la Pasión hoy se convierte en nostalgia, en el recuerdo de aquellos momentos en los que éramos tremendamente afortunados y no lo sabíamos.

El preludio de lo que será pierde hoy su sentido, porque algo se rompió dentro de nosotros, y parece que el alma no se encuentra en esta noche que era principio y fin, recuerdo y anhelo de los días más bellos que traería la primavera. Pues mañana, al caer el sol, las puertas de San Frontis permanecerán cerradas, y es imposible no sentir un inmenso vacío en el corazón al imaginarlo.

Los recuerdos duelen más ahora que nos ahoga este letargo, ahora que todo parece oscuridad en esta tierra de profundas tradiciones que hunde sus raíces en la historia que se escribió con el paso de los años. En la inmensidad de esta noche que hoy es prólogo y epílogo, tomamos conciencia de que una de sus páginas estará en blanco, manchada tan solo con la tinta de la añoranza, con la amarga melancolía de lo que pudo ser.

Zamora, que se alzaba soberana cada Semana Santa con la fuerza contenida de la espera ahora calla, y el silencio duele y se clava en lo más profundo de nuestro ser. Y es que esta vez no será, o al menos no como siempre fue, pero nunca dejará de brillar la llama de la Semana Santa en el alma de los zamoranos, pues nuestros días son mucho más, una mezcla de sentimientos que conforman la esencia misma de lo que somos, y eso jamás morirá, continuará vivo con la misma intensidad y permanecerá inmarcesible frente al inevitable paso del tiempo. Y es que, a pesar de todo, siempre será Semana Santa en el corazón de esta maravillosa ciudad.

En la oscuridad de esta noche, imagino un Viernes Santo sin los acordes de Thalberg, un Jueves Santo sin la luz de la Esperanza, y la tristeza me embarga, pero también pienso en la inmensa solidaridad de la humanidad, en el compromiso, en la responsabilidad, en las ganas de salir adelante juntos. Y es que tal vez sea el momento de tomar aliento, de hacer un ejercicio de introspección, de pensar y valorar, de armarnos de esperanza y fortaleza, porque la Semana Santa volverá, pero ojalá todos los que en la eternidad de esta noche estamos enlazando nuestras almas a través de estas humildes líneas, podamos volver a encontrarnos y abrazarnos al terminar la procesión, pues hoy la prioridad es otra. Y es que hubo un tiempo en el que las cosas se dejaban para después y no importaba el ahora. Hubo un tiempo que, quizá, no supimos valorar. Lo que pudimos hacer, lo que pudo ser. Tal vez, cuando volvamos, sea el momento de decidir, de priorizar, de vivir. No seremos los mismos después de esto, pero ojalá volvamos más fuertes, más humanos. Ojalá volvamos a ser. Ahora que los abrazos son artículos de lujo, quizá valoremos más las pequeñas cosas. Tal vez, cuando todo pase, nos atrevamos a vivir al ritmo de nuestros latidos.

Volverá a ser como siempre fue. Volverá la primavera y con ella la Semana Santa a esta bendita ciudad.

Mucha salud para todos.

Sara Pérez Tamames

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